Parque Natural de Corralejo

Parque Natural de Corralejo

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Dunas del Parque Natural de Corralejo

Fue declarado por el Real Decreto 3058/1982, de 15 de octubre, que crea el Parque Natural de la Dunas de Corralejo e Isla de de Lobos y reclasificado como Parque Natural de Corralejo por la Ley 12/1994, de 19 de diciembre, de Espacios Naturales de Canarias, situado al Noreste de la Isla de Fuerteventura, en el municipio de La Oliva.

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El Parque Natural de Corralejo comprende 2.668,7 hectáreas en el término municipal de La Oliva.

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La naturaleza aquí nos regala un paisaje de dunas de arena dorada, que constituye uno de los espacios naturales más hermosos de Canarias.

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En la costa nos encontramos con playas bañadas por un mar de aguas cristalinas.

En el extremo sur se sitúa “Montaña Roja”, desde su cumbre a aproximadamente 312 m de altitud tenemos unas vistas espectaculares de todo el parque y de las próximas Isla de Lanzarote e Isla de Lobos.

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Vistas desde “Montaña Roja”

La flora que predomina en esta zona son las especies adaptadas a vivir en ambientes arenosos (psamófilas) y salinos (halófilas) como la uvilla, la brusquilla y el balacón, entre otras. Podemos ver aquí y es especie endémica de Fuerteventura y Lanzarote, el cebollín estrellado de jable (Androcymbium gramineum psammophilum).

De la fauna destacar la hubara canaria (Chlamydotis undulata fuertaventurae), símbolo junto con el cardón de Jandía de la Isla de Fuerteventura, también encontramos entre otros, al busardo ratonero o aguililla, el cernícalo vulgar, alcaravanes, corredores saharianos, la espátula común. La cabra majorera también se deja ver por las dunas de Corralejo.

LA PARDELA CENICIENTA

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PARDELA CENICIENTA

Es casi medio día, cuando, atravesando la plaza, me dirijo al pabellón del Comisionado de las Migraciones de Aves. Ante mi presencia, se abre una puerta disimulada de cristal y accedo a una gran sala circular que muestra, en sus paredes translúcidas, un enorme mapa del planeta Tierra.

Una figura andrógina, de espaldas, observa y parece dirigir, solo con el pensamiento, la rutinaria salida de Fuerteventura, de las pardelas cenicientas, hacia sus lugares de invernación. Las aves, al disminuir las horas solares, sienten el estímulo fisiológico para migrar a zonas más cálidas, con días más largos, e invertirán el camino, a partir de Febrero o Marzo, para procrear, de nuevo, en Fuerteventura.

Las más de 5.000 parejas se lanzan, espaciadas, en grandes bandadas, en dirección Sur, sobre el Atlántico, maniobrando con sus alas, para subir o bajar, apenas sin esfuerzo, llevadas por los alísios y las corrientes de aire formadas por las propias olas.

Son más de 10.000 kilómetros de travesía. Pronto se alejan de tierra y, cuando llega la noche, ya duermen en alta mar, posadas en el agua como un corcho, debido a la gran cantidad de grasa almacenada y la retención de aire, en el eje central o raquis de sus plumas, en los pulmones y en el interior de los huesos. Además, el mar es su hábitat natural, son aves pelágicas y solo volverán a tierra, (Fuerteventura), para criar.

A las preguntas que, yo mismo, me estoy formulando interiormente, la figura  me explica:

- Pensáis que afrontan un viaje muy largo, cuando viajar, desplazarse, es su vida. En Mayo y Junio, con la puesta de un solo huevo, lo incubará la pareja, hasta los 24 días que eclosiona éste y, desde ese momento, hasta Septiembre u Octubre, los padres alimentarán al único polluelo, con el pescado que capturan en el mar, su espacio habitual, recorriendo cientos y hasta mil kilómetros, en cada viaje, que dura días y hasta semanas, predigiriendo el alimento pescado, convirtiéndolo en una pasta aceitosa, extraordinariamente nutritiva, con la que cebarán al pollo, solo mientras tanto, en la hura. Cualquier pardela cenicienta adulta recorrerá en un año, más de 40.000 kilómetros y, en sus treinta años de vida, más de un millón.

- ¿Que cómo  se orientan? Se valen del Sol, de la Luna, de las estrellas, del campo magnético de la Tierra, del efecto Coriolis… Vosotros, los hombres, habéis perdido con la civilización, sentidos innatos y muy aguzados, que poseen todos los animales.

En la pantalla, sobre un oleaje espeso, observo las pardelas volando cercanas a un pesquero, en plena faena de pesca. Las aves se zambullen en el agua, como una flecha, emergiendo con un pez, un pulpo o un pequeño calamar. Una bruma de leche sucia sube de la mar sombría y se confunde con la lluvia, que cae sin descanso. Las Pardelas Cenicientas bajarán hasta Namibia, Sudáfrica y cruzarán hasta Sudamérica, soportando tormentas, rachas fuertes de viento y, también días, con un sol poderoso gobernando en lo alto y noches, después, en calma, en un ir y venir, de escenarios cambiantes, aprovechando túneles de vientos favorables, sin importarles que, con ello, se alargue la travesía.

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PARDELA EN ALTA MAR

De mi largo sueño me despierta la luz del día. Voy a la biblioteca y descubro que, la teoría del magnetismo terrestre, como posible explicación de la orientación de las pardelas, no se sostiene, después de haberlo comprobado los investigadores, colocando, en las aves, unos imanes, que anulaban esa posible influencia.

Ya se marcharon, de Fuerteventura, a mediados de Noviembre, los últimos pollos. Gordos, extraordinariamente cebados para soportar esta primera travesía, algunos tienen que ser ayudados, por gentes del Cabildo, pues desorientados, con la contaminación lumínica, se dirigían a tierra y no al mar. Los que marchan, se han librado de los depredadores que los acechaban, gatos, ratas, hombres… “Se cogía la pardela y se colgaba en un sitio. Después se ponía un botecito debajo y la pardela dia soltando aseite…”  ”Me partió el hueso y con aceite pardela me lo curé”. (Libro de Marcial Morera). Los pardeleros acechan las huras para robar los pollos lustrosos, aunque esté prohibido. Pero estos pollos supervivientes, no volverán a Fuerteventura, hasta lograr su madurez sexual, a los siete u ocho años.

Pero sí lo harán sus padres. Arribarán de Febrero a Marzo y, emplearán dos meses, para inspeccionar grietas y recovecos de la costa para establecer, en el lugar más adecuado y seguro, el nido (la hura), construído con algas y ramas. Ya la Primavera avanzada y durante el largo verano, la hura será siempre el lugar de retorno, marcado con los gritos y gruñidos de las aves que, a media noche, regresan a cebar el pollo. Hace cincuenta años, con menos luz eléctrica y población más escasa, desde la intimidad cálida de las humildes viviendas majoreras, se escuchaba, a veces incluso con temor, el sonido que emitían las pardelas, en las noches negras sin luna, guaña- guaña-we… cuando regresaba a la hura , siempre repetido, a veces confundido con el llanto de un bebé o los gemidos secos de una gata en celo. Según una tradición, las pardelas son capaces de tirarte piedras. Los padres decían a los niños, asustados por el chillido de las aves invisibles, que les pidieran cosas que se las traerían.

Calomatrix diomedea. Diómedes el guerrero que participó en la guerra de Troya, tenía unos compañeros que se transformaban en aves. Ulises, en la Odisea, tapa los oídos de sus marineros, con cera, y los ata al mástil, para que no caigan en el hechizo de los cantos de sirenas… ¿Pardelas?

SEO/BirdLife ha nombrado, a la Pardela Cenicienta, Ave del año 2013. Un buen motivo, para acercarnos al fascinante mundo de este ser extraordinario, que acompaña a tantos pescadores en el frenesí de la pesca, pero que también alumbra y descubre los bancos de esa misma pesca.

Antonio Olmedo Manzanares.

SOPLA EL VIENTO

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Esto decía Sancho a don Quijote: “Mire vuestra merced que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino“.

Sopla el viento actualmente en Fuerteventura y convierte su costa en un paraíso para amantes de deportes como el windsurf y el kitesurf. Antaño, soplaba el viento y movía las cuatro a seis aspas de los molinos y molinas repartidos por la isla, esas aspas que don Quijote comparaba con los cien brazos del gigante Briareo y que servían al antiguo habitante de Fuerteventura para “hacer andar la piedra” para producir gofio y harina con la que alimentarse.

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Los molinos y molinas están catalogados como Bienes de Interés Cultural en la categoría de Monumento Histórico. Forman parte del patrimonio agrícola tradicional majorero y constituyen una de las construcciones típicas de Fuerteventura.

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Eran construcciones indispensables en las tareas de producción y manufactura del producto cultivado por el agricultor, principalmente los cereales como el trigo, millo y la cebada para la creación del gofio y la harina mediante la molienda del grano.

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Entre las principales edificaciones relacionadas con las tareas de la molienda, se encuentran los molinos de viento (molinos machos) que son una adaptación del molino manchego, con planta circular y forma troncocónica, de dos o tres plantas, construidos de cal, piedra y barro, con la parte superior de madera que gira orientando las aspas al viento y tienen de 4 a 6 aspas; y las molinas algo más modernas que los molinos y de base cuadrangular, que reúne toda las actividades de molienda y manipulación del grano en una única planta para evitar desplazamientos verticales del molinero y facilitar y agilizar su trabajo.

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Montaña de Tindaya

MontañadeTindaya_8  Mirador de Vallebrón

En 1.994, según Ley 12/1994, de 19 de diciembre, la Montaña de Tindaya, es declarada Monumento Natural.

El Monumento Natural de la Montaña de Tindaya comprende 186,7 hectáreas en el término municipal de La Oliva.

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El Monumento Natural de Montaña Tindaya es una de las imágenes más representativas del paisaje de Fuerteventura.

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Montaña Tindaya ha sido protegida por su interés geológico, científico, arqueológico y cultural.

Destacan los cerca de 300 grabados en forma de “pies” (grabados podomorfos) que realizaron los guanches, existiendo varias hipótesis que explican su significado de carácter mágico-religioso. Por un lado se piensa que se trataba del centro del mundo majorero, un lugar sagrado en donde habitan las distintas divinidades (“Montaña Sagrada”). Los “grabados podomorfos” también podrían representar la huella de los que han pasado al mundo de los muertos, convirtiéndose la montaña en un lugar de culto. Por otro lado la dirección de los grabados, con una orientación entre el sur-oeste y el oeste, coincide con el lugar por donde se pone el Sol durante el Solsticio de Invierno.

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La Montaña de Tindaya ha sido motivo de conflicto entre aquellos partidarios de que se convirtiera en una gran escultura natural creada por el escultor Eduardo Chillida y los que defienden el protegerla por el carácter sagrado que tenía para los aborígenes majoreros y su gran valor arqueológico.

Está compuesta de traquita, una piedra de origen volcánico muy apreciada por su utilidad ornamental y su alto valor económico.

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Sea lo que fuere, la montaña tiene algo mágico que parece atrapar la mirada del que la contempla y que le conecta con ese lado sagrado y espiritual que tenía para los antepasados majoreros.

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PLAYA DE EL JURADO

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Playa de El Jurado

Nombre: Playa de El Jurado

Situación: A unos 2km al norte del pueblo de Ajuy (Municipio de Pájara), en el lado Oeste de la Isla de Fuerteventura

Tamaño: Unos 150 metros

Grado de masificación: Bajo

Tipo de arena: Callaos

Tiempo: Soleado

Mar: Mar del Norte, precaución

Equipamiento:

  • Playa aislada

Acceso: A pie desde el pueblo de Ajuy bordeando la costa hacia el norte por un camino unos 2Km, o desde la carretera FV-621 que lleva a Ajuy a la altura del palmeral por otro camino otros 2km.

Galería:

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Mapa

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OASIS EN EL DESIERTO

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Palmeral de Ajuy

Después de dejar el coche aparcado junto a la carretera que lleva a Ajuy a unos 3 kilómetros de allí, desciendo por el barranco hacia la playa y viendo lo que te rodea piensas en lo seca y árida que es la isla de Fuerteventura. Pero a pocos metros te encuentras con el Manantial de la Madre del Agua que da vida al Palmeral de Ajuy y nos deja imágenes como éstas, un oasis en el desierto:

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El habitante de este oasis es la Palmera Canaria que es una especie de palmera endémica propia del Archipiélago Canario. Aquí se levanta majestuosa y alcanza grandes dimensiones en algunos ejemplares.

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Sitio de Interés Científico “Playa del Matorral”

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Cuando la pleamar cubre el Saladar, este Espacio Natural, unido a las magníficas Playas de Jandía, nos ofrece una imagen bellísima.

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En 1.994, según Ley 12/1994, de 19 de diciembre, Playa del Matorral, es declarado Sitio de Interés Científico y es el único humedal de Canarias incluido en el Convenio Ramsar (tratado intergubernamental dedicado a la conservación y el uso racional de los humedales).

Según dicha norma: “El Sitio de Interés Científico de la Playa del Matorral comprende 115,6 hectáreas en el término municipal de Pájara y su finalidad de protección es el hábitat de saladar, sus especies asociadas y el paisaje en general“.

Conocido entre los habitantes de Morro Jable como “El Saladar de Jandía”, este espacio no sólo regala a la zona su gran riqueza en flora y fauna, sino que la dota de un espectáculo sin fin, pocos sitios pueden presumir de una zona semejante.

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Si consultamos el significado de la palabra halófilo, nos encontramos que está formada por las palabras griegas “halos”, que significa “sal” y, “filo”, que significa “amigo, amante de”. Las especies mayoritarias en la rica flora existente en el Saladar de Jandía, son las halófilas, las plantas que pueden vivir donde otras morirían, en estos lugares donde abundan las sales.

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Instalados recientemente en una de las pasarelas que permiten el paso sobre el humedal, unos prismáticos especiales para el avistamiento de aves, de uso gratuito, hacen posible que nos metamos de lleno en “El Saladar de Jandía”, permitiendo la observación cercana de aves migratorias como la Garza Real o la Garceta Común y nidificantes, como la Tarabilla Canaria o el casi extinguido en las islas de Gran Canaria y Tenerife, Chorlitejo patinegro, entre otras.

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Practicar deporte por la Avenida que bordea El Saladar , disfrutar del sol de Fuerteventura en la Playa del Matorral ó, simplemente, dar un paseo por los alrededores de este lugar, son algunas de las muchas maneras, de disfrutar de este “Sitio de Interés Científico Playa del Matorral”, situado en la localidad de Morro Jable, al Sur de la Isla.

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MEDIO DÍA EN TEFÍA

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Fuerteventura no deja de sorprender con lugares que no esperas que tengan tanta magia, en esos lugares no puedes evitar enamorarte de esta “Isla Silenciosa”.

Tefía no podía ser menos:

“… te atrapa con el color de su tierra/ a través de sus caminos te invita/ a conocer su Iglesia, El Molino y La Molina./ Tierra majorera, tu hermosura la misma, que muestra en Tefía, una solitaria palmera…”

Molino Tefía_c2 Molino Tefía_c1

Los bien cuidados lugares de interés de Tefía, están algo alejados unos de otros, pero el coche los acerca, y se circula sin problemas por los caminitos que los unen. Si se decide por dejar el coche y recorrer Tefía andando, la visita será doblemente espectacular.

Destaca que tanto la Iglesia, La Molina y El Molino, están ubicados en lugares aislados, sobre todo La Iglesia y El Molino, que hacen disfrutar de la hermosa estampa que es el Paisaje Majorero.

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Palmera Tefía_c2

Ermita Tefía_c1 Ermita Tefía_c2

Ecomuseo La Alcogida

La visita al EcoMuseo de La Alcogida, que a través de un recorrido por varias edificaciones típicas, recrea la vida de los antiguos majoreros, hará que definitivamente, Tefía te enamore.